
Entre la audiencia de niños sonrientes y adultos escépticos mi curiosidad se abrió de paso. Incienso perfumaba el aire, la pureza del lugar apaciguaba a la multitud expectante…
Almas desnudas y sonrientes pasaban inquietas envueltas en sedas de colores, otros en tonos crudos y salmones…todos a la espera de su patriarca.
Yo el burdo polizón, no sabio si huir o aguantar pues sabía que algo importante se iba a trasmutar.
Sin previo aviso la luz iluminó todo y el calor se hizo cuna para remecer a las almas escépticas. Apareció ante nosotros un arcángel blanco, puro, etéreo y de sonrisa amplia e inmensurable sabiduría. Me tranquilicé y tímidamente quise escucharlo. Sus palabras volaban cual proyectil incrustándose de forma tan certera en nuestros corazones.
Me invadió el miedo ante tanta luz…frente tanta verdad, sentí como fragmentos de mi pulido antifaz caían…
Hasta ese entonces, mi amigo (Ego) no me permitió pararme por que su aliada la “vergüenza” no quería incomodar a mis deslumbrados compañeros.
En mi ansiedad tuve una leve tregua, la fuente de luz cruzó una mirada conmigo adivinando lo que pensaba le respondí con una sonrisa que se dibujó en mi máscara desecha y Él me concedió una de las suya, abrasé esa sonrisa tímidamente… pero me adueñe de ella y la hice mía!...y le regalé una sonrisa que me hizo sentir como de 5, 10 años menos! que hasta ese entonces no conocía en mi.
Sonreí como aquellas almas… y desde ese momento que solo duró medio segundo mi corazón quiso refugiarse en sus alegrías en su sonrisa amplia, feliz y puritana como los amplios Himalayas.
Conforme lo sentía me sentí libre como un niño desnudo en el pasto a la merced de Dios
y Él prosiguió lanzando flechas destrozando cada vez más nuestras corazas viejas.
Cuando no quedo ningún pedazo, partícula de criterios vampirizados del exterior, quise correr a refugiarme a sus brazos por el miedo que me invadía…
Y sonó en el vacío el sonido trascendental de una caracola…
Y en el mar de amor el arcángel nos enseñó a su Padre detrás de la cortina y las almas sonrientes cantaron los nombres del Señor, todos saltamos, todos reímos dichosos.
Posteriormente todos comimos con después de Dios me sentí dichoso y ladrón
el miedo mental consulto el reloj y viendo la oportunidad de escapar ante mi incrédula felicidad decidí que era la hora… hasta luego dije!! Hasta luego felicidad y bienvenida ignorancia…
Me despedí mentalmente del padre y de su amado arcángel de luz dí media vuelta dejando las almas sonrientes y en la oscuridad de la calle…
El frío nocturno me abrigó con una nueva armadura que muchos meses tarde sería pulverizada por su Divina Gracia y su hermano mi amado arcángel
A MI AMADO GURUDEVA ATULANANDA ACARYA
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